Un pequeño tejar en la ermita de la Virgen de la Estrella

Hace muchos años, antes de la Guerra Civil, mi abuelo Manuel Molleja Alvarez, consiguió que le cedieran un pequeño terreno, en la margen derecha en las proximidades de la ermita Virgen de la Estrella.

Allí construyó un alojamiento para su familia, un horno y una alberca que almacenaba el agua. Tenía los utensilios y conocía el oficio, porque siempre había estado de alfarero y su especialidad era hacer buenas tejas árabes.

abueloTenía cerca las canteras de grea, pero el agua del rio estaba muy distante, entonces se las ingenió para hacerse de dos borriquillos, a los que preparó con unos cerones que portaban unas cántaras.
Mi padre esperaba en el rio y cuando llegaban los animales con un recipiente poco a poco las iba llenando. Al finalizar su tarea, le daba un toque al animal y este cogía el camino hacia la ermita de la Virgen.

Alli cuando llegaban los 2 borriquillos, descargaban las cántaras en la alberca que había construido mi abuelo y ya tenia la segunda materia prima que necesitaba para fabricar las tejas, la grea la obtenía en la zona cercana al tejar donde había buena materia.

Preparada la masa de barro, iba fabricando las tejas de manera manual con unas bases de madera que el se había hecho. Tenían que estar secandolas al aire libre un tiempo, cuando ya tenían el grado de secado, encendía el horno con leña hasta que alcanzaba una temperatura adecuada para cocer las que había fabricado.

Era un trabajo muy laborioso y con mucho tiempo empleado, pero era lo que él sabia hacer y siempre tenía vendidas las tejas que fabricaba, había que dar de comer a su familia, a mi padre Juan Antonio, a mis tías Ana, Manuela, Antonia y a mi abuela Isabel Soto Centella.

Esta historia es un homenaje para ellos y para todos los hombres y mujeres que durante aquellos años, tuvieron que hacer frente a las dificultades de sobrevivir.

Autor entrada: Manuel Molleja Barba

3 thoughts on “Un pequeño tejar en la ermita de la Virgen de la Estrella

    Curro Ortiz García

    (9 diciembre, 2016 -08:40)

    Sería bonito recuperar esa vieja técnica en algún taller. Estas cosas no pueden perderse en el tiempo.

    Bernabé Mora Llorente

    (15 septiembre, 2017 -13:26)

    ¡Qué buen relato! Siempre es agradable ver cómo las palabras se posan sobre el papel con el perfume de los recuerdos.

      Alberto Alvero Bellido

      (15 septiembre, 2017 -13:28)

      Muchas gracias Bernabé, nos alegra mucho que le guste el relato.

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