Recuerdo en las madrugadas – Villa del Río, mi pueblo

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Recuerdos vivos de mis años en la posguerra, recuerdos que deben permanecer vivos porque son herencia que transmitir a las nuevas generaciones para que sabiendo del pasado, valoren el presente, lo trabajen y lo ernabolen como nuestra mejor bandera.
Empiezo, pues, con un recuerdo de la niña que fui de cuentos, miedos y fantasías

Atardeceres del pueblo en primavera. Calles largas de sol, regadas al atardecer y poseídas ya por generosa floración de geranios y gitanillas, por algarabía de chiquillos en horas de ocio, por piar de pájaros que sobrevuelan tejados y árboles, por bandadas de vencejos que coronan los campanarios, por un verde en los campos crecidos en lluvia y soles. Como los trigos, las cigüeñas, las amapolas, llegaban también, cada año, con la primavera, los gitanos.
Y llegaban con sus canastillas de mimbre y “enjugaderas”, con sus cacharros de hojalata y cargados de churumbeles que, medio en cueros, corrían por las calles graciosos y agradecidos a la caridad de la gente.
Y recuerdo una tarde, casi única en mi vida: el sol en anaranjado crepúsculo declinaba dorando las piedras del viejo puente romano. El cementerio, alargado en cipreses, ondeaba en sombra por el río. Las calles, las plazoletas… empezaban a ser silencio negro, misterio, miedo, secuelas trágicas en aquellos años de la posguerra. Los religiosos toques de Ángelus irrumpían como halo de paz y oración.
Y yo, niña de cuentos, juegos, niña de sueños, desafiando encantamientos y maleficios, me acerqué al mísero y humeante campamento gitano, aparcado bajo nuestro singular puente romano.
Y allí, una burra seca que se revolcaba en el tierno verde de la hierba, y canalillos de agua que corrían por entre los pies descalzos de los gitanos, y canciones, palmas y bailoteos, y allí, fuego, mantas por los suelos, ramos de jazmines, garrafas de agua…Y allí mi más insólito descubrimiento, un indescriptible olor, mezcla de paja, pringue, caminos, conjuros, magias… historias.
Daban las doce campanadas de la noche en el viejo reloj del Ayuntamiento. Por mi balcón una luna llena que me arrebataba en precoces éxtasis de nostalgia. Imaginaba al campamento gitano tendido en el suelo, bajo las estrellas, canto precoz de grillos, aire mago de la noche en sus rostros.

ISABEL AGÜERA ESPEJO-SAAVEDRA

1 Comment

  1. Qué bonito tu recuerdo, paisana!! Y qué bonito lo dices con esa pluma poética y ágil!
    Yo también recuerdo que, en mi calle; San Roque 8, muy cerquita del paso La Aceña, acampaban los gitanos sus caravanas y la chiquillería paya y la gitana se mezclaban en los juegos ; en la calle, compartiendo culturas distintas pero sin ser conscientes de ello; solo del juego.. al fin y al cabo, los niños son eso: niños . Inocencia y curiosidad y una total falta de prejuicios.
    Saludos afectuosos ?

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