No es tu simple sabor

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Ningún escritor ni poeta te ha dedicado ni una sola línea. Fray Luis de León se dedicó a separarte de la belleza de una mujer de cabellos dorados y temparamental.Todo lo que nos ha dado ha sido tu entrega incondicional. Puro sabor. Recibistes tu nombre de cierto monte bíblico. Maldición machista que te relevó a un segundo plano. Siempre nacistes de una combinación formada por ingredientes tradicionales que formaban tu presencia. Dicen que te bautizaron por superar el amor terrenal con el divino. No te importó madurar en las llamas de los intensos fuegos del pecado para llegar a tu perfección.Te debemos tantos momentos familiares rodeados de la mesa camilla. Impartias lecciones de amor y cariño. Tu presencia de día, tarde o de noche pero siempre en perfecta compañía.
Los ingredientes: harina por ser compañera de nuestro principal sustento, la base de tu cuerpo entero. A la que se unieron en pura mezcla huevos, levadura, leche y canela. Tambien aceite, por supuesto de Villa del Rio. En tu bolsa seregrafiado un arcángel Rafael o una Virgen de la Estrella secuestrando a varias de tus compañeras. Principalmente una docena. Siempre que estaba en Villa del Río tomaba rehenes y a día de hoy quienes nos visitan piensan que no hay otras en tu lugar.
El poeta debería haberte dedicado unas líneas así: Oh, gloriosa Magdalena!!…
Sabor a canela, esponjosas, hechas en el horno de una tradicional panadería con un buen horno de leña como en casa de Quintín, de Juan Marchal o de Valera entre otros. De todos los tamaños pero con el común denominador de que son las de nuestro pueblo. No esas industriales que no saben a nada.La tradición se mantiene en otras confiterías actuales como la de Richard o Candela. Nada que ver con actuales engendros como las llamadas “cakes”. Invento magdalenocidia americano. Te debemos el alimentar nuestro cuerpo con sueños y les damos gracias a nuestro familiar o vecino que se iba a hacer magdalenas al horno que disputaban en el paladar con las comerciales. Es que tienen más ingredientes y se les ha puesto además de amor y dedicación más ralladura de limón… En mis actuales desayunos te busco pero no te encuentro, Magdalena en mayúsculas. Que ganas de ir al pueblo!

1 Comment

  1. Estimado paisano¡de nuevo me retrotraen a la infancia el recuerdo de esas magdalenas de “casa Perez”en mi casa.Al leer tu escrito,aparece intacta en mi memoria esa bolsa de una docena con su riquísimo sabor y olor…
    Yo acompañaba a mi abuela y a mi madre al horno de la panificadora en donde, los días previos a la Semana Santa,acudían los clientes vecinos del pueblo y hacían una buena cantidad de ellas…para toda la familia… Es como si las estuviera saboreando..
    Tienes algo de razón en lo de que el poeta no le hizo historia… pero Marcel Proust, en “En Busca del Tiempo Perdido” le dedica un homenje escrito sobre su poder de accionar la memoria a través de la experiencia sensorial; en este caso, del sabor de ese dulce, la Magdalena.
    Un saludo de una villarrense nostágica¡

    “En el mismo instante en que ese sorbo de té mezclado con sabor a pastel tocó mi paladar… el recuerdo se hizo presente… Era el mismo sabor de aquella magdalena que mi tía me daba los sábados por la mañana. Tan pronto como reconocí los sabores de aquella magdalena… apareció la casa gris y su fachada, y con la casa la ciudad, la plaza a la que se me enviaba antes del mediodía, las calles…”
    Marcell Proust,

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