Alumbrado

ALUMBRADO TENEBROSO Y LUCES FELICES

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El alumbrado público de Villa del Río, tal y como yo lo conocí en mi infancia y adolescencia, era realmente tenebroso. Claro, que antes de eso, supongo que sería aún peor, cuando ni siquiera teníamos electricidad.

Recuerdo que había calles céntricas que se iluminaban con una simple bombilla de no muchos más watios que las del interior de un hogar.  En las esquinas, se veían unos pequeños brazos de hierro forjado que en otro tiempo, supongo, soportaban una farola pero por entonces acababan en un mínimo casquillo a rosca del que pendía una bombilla desnuda, expuesta a la lluvia o a la suciedad. Estas bombillas, a veces estallaban al contacto con el agua y si no, entenebrecían más el ambiente por el polvo acumulado.

Al salir de noche de casa de amigos que vivían en la calle Nueva o en la Alta, me veía obligado a atravesar tramos sombríos hasta llegar a mi domicilio. Esto era particularmente así en espacios abiertos como la Plaza de España, llamada “La Colonia”. En aquel tiempo, tal plaza era tan sólo un llano terrero delimitado por adoquines en su perímetro. De vez en cuando, allí acampaban circos o atracciones, como coches de choque o tiovivos. Sólo entonces, gracias a los feriantes, había auténtica iluminación en esa parte del pueblo. Quizá por eso, aún asocio la luminosidad con el rugido de los leones en sus jaulas circenses o con la música de ambiente en los ingenios recreativos.

Arboles-oscuridad

La situación era mucho peor en las periferias del pueblo, particularmente en los Huertos Familiares. Y más aún, cuando entrados los fríos subían las densas nieblas del Guadalquivir. En esos casos, era mejor no salir de noche. No se veía nada.

Los barrios de nueva creación, como el de la Estación o las llamadas Casas Chicas y Casas Nuevas (Barriada de San Carlos) habían mejorado  un poquito su alumbrado. Las bombillas eran algo más potentes y estaban protegidas por una cazoleta metálica de tono plateado, pero seguían dando una luz muy tenue. Tanto era así que cuando a mediados de agosto se celebraba la velada de las Casas Nuevas, el Ayuntamiento, al tiempo que mandaba colgar banderas en la calle Córdoba, cambiaba, por una noche, las bombillas habituales por otras más potentes para iluminar “de verdad” esta arteria central del barrio.

No es de extrañar que la Feria o la Navidad fuesen acontecimientos realmente felices, incluso para las familias menos pudientes, ya que todo el mundo podía pasear por los recintos festivos, profusa y bellamente iluminados sin temor a tropezar en las penumbras cotidianas. La alegría la transmitía el alumbrado artístico de esas ocasiones más que el consumo compulsivo que hoy generan esos y otros acontecimientos. Aquella multitud de bombillas de colores transmitía auténtica felicidad en unos tiempos económicamente tristes para muchos villarrenses.

luces-navidad

Hoy día, se da la paradoja contraria. Tenemos buena iluminación pública pero las luces navideñas o del Real de la Feria  apenas las apreciamos. En cambio, nos causa tristeza no poder consumir más durante esos eventos. Y al final, a mí me parece, como  si a medida que ganamos en alumbrado callejero discurriésemos por nuestras  propias vidas con bastantes “menos luces”.

2 Comments

  1. Es cierto que recuerdo de niño en la calle donde yo vivía, calle Caballeros (entonces tenia otro nombre) que el numero de bombillas era escasa . Recuerdo cuando algún chiquillo comedia una travesura, que era con un tirachinas como alguien te viera tenias garantizado un pescozón por parte de tu padre. La iluminación en los niños estaba mas en su mente que en las calles. Gracias Carlitos por tu relato, eso es nuestra historia.

  2. Si, siii. Yo recuerdo el farol de la esquina ,frente a mi casa en calle San Roque, cerca del Paso de la aceña ; ese farol servía para toda la calle hasta donde llegase su haz lumínico, que desde luego era una simple bombilla de poco watios, no un foco de los de ahora.

    Precioso relato, Carlos.

    saludos desde Córdoba

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