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Hilachito, por Carmen Barrera.

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Mi casa era de cal y ladrillo. Tenía algunos desconchones  en la fachada de cal y tierra; no era una edificación demasiado lujosa pero en aquellos años en España, y menos aún en un pueblo de Andalucía, nadie de mi escala social tenia lujos.

Tenía un puerta de madera, muy porosa y castigada por el sol, la lluvia y la intemperie, y como ornamento, tenían ambas hojas las cabezas de clavos de hierro y, de hierro también, era la enorme llave  y la enorme cerradura. Mi casa estaba en la calle San Roque, junto al paso de la Aceña, cerquita ya del río, se encontraba el nº 8. Allí nací yo y tres de mis cuatro hermanos.

Vivimos en esa casa hasta que la compró Josamper, empresario villarrense  y paisano, que fomentando la industria del mueble ayudó a mejorar la economía del mismo. Corría la década de los 60  y a mí me dio muchísima pena dejar esa casa de mi infancia, así es la vida…

Mi infancia está marcada por la escuela. Si tengo que destacar alguna cosa, sobre todo lo que configuró mi forma de conducta, eso es la escuela. Me marcó de manera indeleble.

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La memoria está intacta al recabar imágenes de ella: el edificio, el entorno, los compañeros  y cada uno de sus nombres  y rostros, los maestros, entonces MAESTROS, de nombre y de figura querida y respetada.

Mis días en  la escuela están  en el  recuerdo, como lo más importante de mis años primeros,  de los siguientes y también, porqué no decirlo, algunos años después, de mis años de persona adulta.

Mientras tanto, en vacaciones, en ese tiempo no tan próspero como hoy día, que no había recursos para veraneo, una manera de pasar  las vacaciones escolares era llevar a las niñas a talleres de distintas labores relacionadas con  las tareas que las futuras amas de casa debían desempeñar . Estas labores eran de muy diversa índole, bordar, sastrería, modista, bolillos, vainica y toda clase de tareas propias de las féminas.

A mi madre le pareció que yo debía aprender a coser y cortar ropa de hombre, es decir, prepararme para ser sastra, como mi abuela Carmen, supongo que ella también opinaría sobre mi destino ese verano. De modo que así llegué a la sastrería de Hilachito, que era el mote con el que la gente del pueblo lo rebatió por aquello, decían, de que iba siempre lleno de hilachos, muy propio de su labor.

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En la sastrería mis vacaciones transcurrían  con muchísima actividad, yo era una simple aprendiza pero tenía mi labor asignada SIEMPRE, alli no  estaba nadie de brazos cruzados, entrábamos a las 9 de la mañana y salíamos a comer a la una. A las cinco o cinco y media, otra vez para el taller, y allí hasta las ocho y media, nueve, según el trabajo.

A eso de las diez o diez y media tocaba desayunar. “Las oficialas”, que así se las llamaban a las costureras, salían , a veces, a la panadería mas cercana, casa Pérez, o “el zambombo”, las dos muy cerca del taller, y se compraban lo que les apeteciera de la estupenda oferta de productos que allí se elaboraban: tortas pujadas, de aceite, bollos de leche  o los famosos Belmontes. Se desayunaba en el patio o en el zaguán de la casa, que era amplísimo .

En esa sastrería había varios rangos de costureras. Estaban las oficialas de 1ª que eran dos o tres y luego otras de  2ª, que sin tener ese rango, sabían hacer el mismo trabajo de las de 1ª. Luego estaban las demás, entre ese grupo más numeroso se encontraban las aprendizas mezcladas con otras mas veteranas, aunque también aprendizas, formando un grupo muy heterogéneo.

Las oficilas de 1ª se encargaban de cortar los patrones que diseñaba el maestro Hilachito. Normalmente el corte estaba a manos del mismo maestro y una de las oficialas más veteranas, luego, las otras de 2ª se encargaban de marcar con jaboncillo y sujetar con algunos alfileres, luego se marcaban los trazos del jaboncillo, con hilo, dejando una puntada floja que luego se abría y cortábamos con la tijera para señalar la unión de cada pieza del pantalón o chaqueta o lo que fuera. Éste ultimo trabajo de marcado era el que tenía encomendado las aprendizas, yo, entre otras. Luego venía hilvanar y cuando las mas veteranas cosían a máquina, volvía a mi la labor para que yo atase los cabo, quitase hilvanes, retirase los hilos del marcado flojo y mucho más.

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A mí , a veces, me llevaba el desayuno mi madre. Ay que alegría verla aparecer por la ventana, mi atalaya favorita, y me traía pan con aceite y azúcar (el famoso y socorrido CANTO) y cuando había mas suerte ese canto iba acompañado de un poco de chocolate…

Como es lógico, pasando tantas horas en la sastrería una chiquilla de pocos años que era, “iba” a otros lugares. Me gustaba mirar por la ventana, era mi sitio favorito , pero no siempre me podía sentar en la silla junto a la ventana, sólo cuando las primeras oficialas no estaban ocupando ese lugar. Y desde esa ventana  yo veía “despertar” el pueblo. Pasaban por allí los arrieros, cargados los borricos con sus serones de escombros camino del “paso de la aceña”, que es donde se vaciaban los escombros y otros varios residuos, ese era el “lejío” o “estercolero” de todo vecino. Desde el  marco de mi ventana veía pasar también a las mujeres  con su canasto camino del mercado, o a casa de Loli , la tienda de comestibles que estaba junto a la sastrería. Pasaba también por allí el señor que vendía las tortas, iba con una canasta ovalada y plana, cargada de bollos, tortas y los riquísimos Belmontes. Tapaba la mercancía para protegerla de polvo e insectos, con un paño blanco que retiraba con cuidado cuando alguien lo paraba para comprar. Pasaban albañiles, herreros, parroquianos que iban a tomar el café con anís en alguna de las tabernas de los alrededores como casa Pinilla, el bar Agustina, o cualquier otro de los varios que había por allí.

Poco a poco, o de golpe a veces, tenia que “volver” a los hilvanes o a los sobrehilados con un toque en el hombro del maestro Hilachito, que me decía con cierta seriedad: ” Carmecita vamos, que cuando tú acabes de marcar eso yo ya estoy en Lopera”.

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El recuerdo que tengo de Hilachito es nítido, en cuanto a su estatura y complexión era delgado y tendría una altura de 1,70m, aproximadamente. Su pelo oscuro y rizado, pero no puedo acordarme de sus facciones por más que lo intento, si recuerdo su voz, era aguda y afeminada, hablaba alto y con tono desenfadado. Aunque también lo recuerdo enfadadísimo cuando alguien cometía algún error en un traje cuya tela era carísima, ufff,  lo mejor era perderse en esos momentos.

Lamentablemente, no recuerdo ningún nombre de las chicas que trabajaban en la sastrería, pero está intacto en mi memoria el ambiente ajetreado y la actividad del taller, el patio, el zaguán , la salida  de invierno, y sobre todo, recuerdo el arte de confeccionar un traje desde que se tomaban las medidas al cliente, pasando por todos los procesos de marcado, patrón, corte, primera prueba, segunda prueba y , por fin, el traje enviado a casa de su dueño. Por cierto, como no había teléfono aún en las casas, los avisos los hacíamos las aprendizas, yendo a la casa del cliente a avisar: “que vengo de parte del sastre, que ya puede su marido ir a probarse, recoger o lo que fuera”

Mi paso por ese taller duró dos o tres veranos, siempre en época de vacaciones. Como todo lo que nos pasa cuando somos niños, jóvenes, solemos dulcificar recuerdos y, verdaderamente aunque eran tiempos duros aquellos, pero a un niño, o una niña, nadie le puede arrebatar sus sueños. Sueños de un futuro azul y pleno, a pesar de que mis zapatos duraban y duraban hasta que se podían comprar unos nuevos, a pesar de que te lavaban el par único de vestidos que tenias, uno te quitabas y el otro a lavar enseguida pues no había más, a pesar de que no se nos permitía mas lujos que dos reales algún domingo que otro para castañas o regaliz. Sin embargo teníamos el amor de nuestros padres, la compañía de nuestros amigos y vecinos, se vivía en las puertas a la caída de la tarde, en verano teníamos además la ilusión intacta. Era el mayor tesoro. Y miro, cada día, para que siga así, intacta .

1 Comment

  1. Como nadie ha aclarado que no se pueda o que sí se pueda votar a uno mismo; pues yo me voto a mí misma. voto a: ” Hilachito” de Carmen Barrera.

    se ruega hagan saber (en privado) si el voto es o no es válido. Gracias

    PD: seria bueno publicar estas dos cuestiones en el facebook, por si alguien lo necesita…
    LAS HISTORIAS que ya he comentado¿ significA QUE YA ESTÁN VOTADOS?

    SALUDOS

    Y GRACIAS

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