Ida… Y vuelta, por Francisco Navarro

La tarde primaveral era calurosa, parecía  anunciar la próxima llegada del verano. El chiquillo subía corriendo la pendiente que llevaba a la Ermita, no se veía a nadie, al llegar a los escalones del atrio se detuvo a descansar y recuperar el aliento.

Se dio media vuelta y dejó que su mirada contemplara lo que con ella abarcaba: el pueblo allá abajo, tendido al sol, silencioso, esperando que la temperatura bajara para recuperar su actividad. A izquierda y derecha los campos mostraban su paleta de colores entre los que predominaba el verde de los sembrados, al fondo el rio  se deslizaba lentamente, ajeno a todo. Se diría que quería absorber y guardar aquellas imágenes de manera imborrable en su memoria.

Ya recuperado, el niño se dijo que era hora de hacer aquello por lo que había venido, entró en la Ermita en penumbra y allí, en su camarín, estaba Ella, la Señora.

Avanzo por el pasillo hasta llegar a la primera fila y se arrodillo. No sabía cómo empezar.

-Madre, vengo a despedirme. Esta noche mi familia y yo nos vamos a otras tierras. Mis padres dicen que es necesario pero yo no quisiera irme. Aquí están mis amigos, mi colegio. Tengo un poco de miedo, no sé que como será aquello adónde voy.

-Quiero decirte que no sé si podré volver alguna vez, pero que te llevaré siempre conmigo.

Permaneció en silencio durante unos minutos. Se sentía torpe por no saber expresar como quisiera todo lo que sentía. De pronto se levantó y corriendo abandonó el lugar.

Aquella noche, desde el silencio de la Ermita, la Señora sintió allá abajo  el silbido de un tren que pasaba y que se llevaba una familia (otra más) a empezar de nuevo en otros lugares lejanos.

MUCHOS AÑOS DESPUÉS. El anciano apoyado en su bastón, cubrió lentamente los últimos metros. Se detuvo en el mismo sitio donde muchos años atrás fijó su mirada para memorizar aquello que veía.

Allá abajo estaba el pueblo tal como lo recordaba. Había crecido mucho. Sin embargo básicamente era igual: la Iglesia, el río, las chimeneas, los Grupos donde había empezado sus primeros estudios.

Una cosa si había cambiado, donde predominaba el color verde, ahora estaba salpicado de edificios de negocios y naves. Las eras de antaño habían desaparecido. Cosas del progreso.

Paseando por las calles del pueblo se ve la gran transformación que se ha producido. Cuesta encontrar algún rinconcito que esté como uno lo guardaba en la memoria.

Suspiró, se dio media vuelta y se dispuso a entrar en la Ermita. Estaba nervioso y no sabía por qué.

Su figura se dibujo al contraluz en la entrada, esperó a que sus ojos se adaptaran a la penumbra y miró hacia arriba. Tal vez porque su vista ya no era muy buena o quizás por las lágrimas que pugnaban por salir, le pareció que Ella le sonreía y le daba la bienvenida.

Llegó a la primera fila de bancos y se sentó; sus huesos ya no estaban para arrodillarse.

-¿Te acuerdas de mí? – ¡Ah! ¡Qué pregunta más tonta! Naturalmente. Tú te acuerdas de todos tus hijos estén donde estén.

-Después de los años transcurridos, vuelvo al origen, a mi pueblo añorado,  y aquí me quedaré hasta el final, pese a que nadie queda que me recuerde, salvo Tu.

-Quiero venir a hacerte compañía siempre que mi salud me lo permita, para compensar el tiempo que he estado sin verte, tengo que contarte mis vivencias lejos de aquí.

Cerró los ojos, de nuevo se sentía torpe, y así permaneció mucho tiempo, en silencio, sintiendo en su interior una gran paz y tranquilidad.

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Con este relato de ficción, quiero rendir un pequeño homenaje a los miles de andaluces que un día nos fuimos (nos llevaron), dejando atrás nuestras raíces.

Mayo 2017

Autor entrada: Francisco Navarro

5 thoughts on “Ida… Y vuelta, por Francisco Navarro

    Carmen Barrera Morales

    (6 abril, 2018 -20:30)

    Bonito relato ,Francisco. Aunque explicas que es de ficción pero¡ hay en él tanto de nosotros! ¡tanto de nuestro pueblo¡ que se diría que bien podría ser una biografía de uno/una de los Paisanos/paisanas que nos marchamos de allí.
    Observo una gran devoción cuando escribís, sobre todo los que estáis lejos, a la Virgen de la Estrella. En tu relato, ese personaje de ida y vuelta, dialogando con Ella, yo lo sitúo en la Ermita; en nuestra Ermita de La Estrella, es muy evocador. Un saludo

      Francisco Navarro

      (6 abril, 2018 -21:52)

      Saludos Carmen. Me alegro de que te haya gustado. Tu comentario respecto a la devoción a la Virgen de la Estrella es muy atinado, yo pienso que es el asidero al que todos nos agarramos para no perder nuestra identidad y raíces del todo.

    Pedro J. Navarro

    (7 abril, 2018 -12:28)

    Muy bonito, la verdad es que en cierto modo y salvando las distancias, msiento un poco identificado con el niño de ida y elmayor devuelta…
    Gracias por el relato!!

      Francisco Navarro

      (8 abril, 2018 -11:52)

      De eso se trataba, que de alguna manera reflejara el sentir de muchos. Me alegro de que te haya gustado.

    ana maria gonzalez luque

    (8 abril, 2018 -14:02)

    Precioso relato, y que nos identificamos con el todos los que nos fuimos siendo niños.

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