Última historia de un Villarrense, por Manuel Molleja.

ORIGEN : CAL BLANCA       DESTINO: TRABAJO

Era finales de Noviembre de 1956 tiempo de frío, recuerdo como niño que los dedos de las manos los tenia arrecíos, no tenia guantes, en aquella época eran escasos. Había estado en algunos pueblos andaluces por el trabajo de mi padre, pero este iba a ser un viaje con mayor trascendencia y mas lejanía.

Teníamos que coger el tren, con mi madre que estaba embarazada de 7 meses, mis hermanas Isabel, Catalina, yo que era el único varón de la familia. Era el día 28, salíamos desde la estación de nuestro pueblo Villa del Rio hasta un pueblo de Barcelona llamado Tarrasa, allí vivía mi tía Manuela, mi tío Antonio y mi padre, que se había ido unos meses antes. Recuerdo que mi padre le decía a mi madre, que allí no había que preguntar si había trabajo cada día, mientras durara la obra había trabajo.

Recuerdo que el camino hacia la estación era de tierra, era la despedida de mi pueblo, recuerdo que en unos terrenos cercanos a la estación había sembrado mi padre algún año melones y sandias que en la recogida se almacenaba en una casa en la calle Martillo. Aquello era despedirse sin saber si uno volvería, yo tenia 7 años pero allí tenia a mis amigos y mis costumbres, que quedaban marcadas para mi. Donde llegue, los niños eran andaluces y los juegos eran casi iguales a los míos. Eso me sirvió para recuperarme y crecer en un ambiente andaluz en un pueblo de Cataluña.

Ese viaje duro 3 días, el primer día cuando llegamos a Madrid tuvimos que cambiar de estación para coger otro tren que nos llevaría a Casetas en Zaragoza, ese fue nuestro segundo día. El ultimo trayecto fue desde Casetas a Tarrasa, recuerdo que se bajaron los pocos bultos que llevábamos en la estación de Manresa, se hicieron cargo unos familiares que luego los llevarían a Tarrasa. Allí estaba la Guardia Civil, controlando que no llegaran nuevos miembros a la ciudad, existía una ley que no permitía en esa época nueva llegada de personas. Cuando detectaban a alguien era devuelto a su origen.

El primer impacto que viví después de mi llegada a la estación de Tarrasa fue una calle muy oscura con pocas luces y muy espaciadas hasta la llegada al puente de la Mutua, de allí camino de la barriada de Can Anglada, esta barriada nació con la emigración, sin servicios de agua, luz y alcantarillado. Aquí es donde percibo que la gente habla como nosotros, pero estamos en una tierra extraña y en unas viviendas de autoconstrucción muy precarias. Fue algo que me impacto, yo tenia el recuerdo de mi pueblo de unas calles encaladas y unas bombillas que brillaban distantes en las calles (si los nenes no las habían roto).

Recuerdo mis juegos infantiles en mi calle Caballeros, en la plaza de la Colonia, etc. Jugábamos a las bolas, la mayoría eran de barro, cuando alguien tenia una bola de hierro eso era un extra, cuando vi las primeras bolas de cristal, esas eran las que mas valían. Teníamos distintos juegos, donde nos jugábamos las bolas. Por eso las mas valiosas no se ponían en juego.

También recuerdo cuando nos íbamos en pandilla al campo de futbol los domingos, esperando ver como podíamos entrar, utilizamos distintas formas para colarnos. Cuando un balonazo salía fuera del campo, quien recogía el balón entraba gratis al campo de futbol. Habían muchas otras, que lo cuenten otros.

Cuando volví a mi pueblo ya era un adolescente, solía parar en casa de algún familiar, pero ya había perdido el contacto con la mayoría de mis amigos. Visitaba aquellos lugares mas usuales, la ermita de la Virgen de la Estrella, la plaza del pueblo donde estaban los bares con unas tapas excelentes y los 2 edificios, el antiguo Ayuntamiento y la plaza del mercado. El cambio para mi era enorme entre el pueblo que deje y el que me encontraba.

Después del año 1981, cuando regreso desde Barcelona a Córdoba visitaba con cierta frecuencia a familiares en mi pueblo, el cambio que se iba produciendo era muy importante, sentía satisfacción cuando comprobé que el desarrollo industrial estaba generando en el pueblo un incremento de riqueza que suponía un cambio en el nivel de vida de los habitantes. Esa situación va creciendo hasta la ultima crisis del año 2008, ello supone un gran momento de reajuste del que se esta rehaciendo.

Recuerdo las veces que mis padres visitaron Villa del Rio, siempre estaba en su interior el cariño a su pueblo, los recuerdos de su infancia, adolescencia y los primeros años en los que constituyeron su familia. Venian como muchos otros en vacaciones, como yo digo a cargar las pilas y volver a su residencia en Barcelona. Cada uno tenia en su retina la instantanea de cada momento pasado. Asi es como se ha ido transformndo nuestro pueblo.

Esta noria de la vida que nunca para, girando de forma continua, nos va dejando las historias de muchos de nuestros familiares que han sido quienes han forjado parte de la historia de nuestro pueblo. Siguen estando vivas las costumbres y tradiciones y son los herederos en muchos casos los que han cogido el relevo para que sigan nuestras tradiciones.

Quiero dar las gracias a todos aquellos que hoy siguen empujando.

Autor entrada: Manuel Molleja Barba

4 thoughts on “Última historia de un Villarrense, por Manuel Molleja.

    Carmen Barrera Morales

    (3 mayo, 2018 -22:01)

    Bonito y emotivo relato, Alberto:,no sabía que habías estado,tú también , en la diáspora…que formas parte de esa numerosa población de Villarrenses que un día dejamos el pueblo,los amigos y las costumbres, para ir a buscar una vida con más posibilidades : de trabajo y de futuro .
    Y ahora vuelves tu mirada , con cariño, hacia ese otro día que cogiste un tren , y te llevó a otra tierra .

    Bienvenido, Alberto, a este , tu pueblo!

      Alberto Alvero Bellido

      (3 mayo, 2018 -22:13)

      Me temo que ha sido un error Carmen, el relato es de nuestro amigo Manuel Molleja. Yo nací en Sevilla, pero desde que ayudo a Manuel con este proyecto, y después de ver todo lo que ha conseguido, su dedicación y entusiasmo, como el de otros Villarrenses del grupo, hace que me sienta un Villarrense más. Es muy bonito tener este arraigo de vuestro pueblo natal, yo nací en una capital, pero siento algo parecido con el pueblo de mis padres.

      Muchísimas gracias Carmen por tus palabras, y lamento el malentendido. Espero que al menos me acojáis como un Villarrense adoptivo.

        Carmen

        (4 mayo, 2018 -08:56)

        Alberto, no te preocupes que el mensaje vale para todos los involucrados en este proyecto!
        Se lo diré a Manuel Molleja!
        Un abrazo y , Sí: te acepto como Villarrense, por supuesto y con Sumo placer!

    Antonio López García-Espantaleón

    (3 mayo, 2018 -23:19)

    Amigo Manuel Molleja, tu relato de cuando saliste de Villa del Rio, un calco de otros que también cogimos el camino de la estación y los eucaliptos sus ramas cimbreaban cual dolorosa despedida de impotencia y de amor.

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