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Carlos Chevallier Marina

Carlos Chevallier Marina has 4 articles published.

“EL ZUMBA” Y LA VAINILLA AFRICANA

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Cada verano siento nostalgia de mi infancia. Es decir, de aquella época en que tenía largas vacaciones escolares y hasta “la calor andaluza” era un ansiado placer. Sobre todo, si la combatía con gazpacho, frutas locales, agua del botijo y el repertorio de heladería artesana de “El Zumba”. El helado que más me gustaba era el de vainilla. Su sabor, aroma y el tono exacto de su color los llevo grabados en mi memoria. Supongo que influyó mucho que Ana, “la del helao” fuese mi vecina. Y que cada tarde, tras la hora de la siesta, Ana abriera la puerta…

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Domingos en las aceñas

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Nunca entendí qué poderoso imán atraía a la chiquillería hacia Las Aceñas a mediodía de cada domingo. Poco después de salir de misa de 12, allí nos congregábamos multitud de chavales para no hacer nada en concreto. Y así, vestidos “de domingo”, nos encaramábamos a las gigantescas tuberías o incluso sobre los pétreos tejados del viejo molino árabe. A veces, incluso bajábamos hasta la orilla del río cuando llevaba poca corriente. Con frecuencia fantaseábamos imaginando que el embarcadero del molino era un puerto fabuloso que comunicaba nuestra vieja aldea medieval con Córdoba. Y alguien solía añadir que por eso teníamos…

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ALUMBRADO TENEBROSO Y LUCES FELICES

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Alumbrado

El alumbrado público de Villa del Río, tal y como yo lo conocí en mi infancia y adolescencia, era realmente tenebroso. Claro, que antes de eso, supongo que sería aún peor, cuando ni siquiera teníamos electricidad. Recuerdo que había calles céntricas que se iluminaban con una simple bombilla de no muchos más watios que las del interior de un hogar.  En las esquinas, se veían unos pequeños brazos de hierro forjado que en otro tiempo, supongo, soportaban una farola pero por entonces acababan en un mínimo casquillo a rosca del que pendía una bombilla desnuda, expuesta a la lluvia o…

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Un samurái en el Jardín del Lirio

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Desde que mi amigo, el biólogo Juan Relaño, me hizo notar que en el Jardín del Lirio hay una “falsa acacia japonesa”, además antiquísima, no dejo de preguntarme cómo llegó hasta aquí. Según los cálculos de Juan, la falsa acacia tenía formado el tronco hacia 1880. Y pocos años antes, en 1868, Japón acababa de abrir sus fronteras, tras haber permanecido cerrado al mundo durante más de tres siglos. Este árbol científicamente se llama sófora japónica. No es en realidad una acacia aunque se parece muchísimo. Quizá por eso permanezca inadvertido entre los villarrenses que pasean por el Jardín del…

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