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Nuestra infancia

El Desarraigo, por Jacinto García.

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Un día de nuestra juventud sin que lo desearas ni te lo planteares, nuestra vida cambió, cambió de tal manera que no se lo puede imaginar aquel que no tuvo que dejar nunca su tierra, sus amigos, las calles donde creció y donde todo le era familiar, el ambiente de tu pueblo, de sus gentes, familias y en algunos casos esa primera novia que llenaba de ilusiones tu corazón y tu vida. De pronto te encuentras en un lugar extraño, sin tus amigos, sin ese entorno que siempre te acompañó hasta el momento de tu partida. Empezar de nuevo, ya…

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Hilachito, por Carmen Barrera.

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Mi casa era de cal y ladrillo. Tenía algunos desconchones  en la fachada de cal y tierra; no era una edificación demasiado lujosa pero en aquellos años en España, y menos aún en un pueblo de Andalucía, nadie de mi escala social tenia lujos. Tenía un puerta de madera, muy porosa y castigada por el sol, la lluvia y la intemperie, y como ornamento, tenían ambas hojas las cabezas de clavos de hierro y, de hierro también, era la enorme llave  y la enorme cerradura. Mi casa estaba en la calle San Roque, junto al paso de la Aceña, cerquita…

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EL ARBOL DEL AMOR

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En primer lugar he de decir que ignoro por completo la historia de este árbol. No sé a que especie pertenece, tampoco sé como fué a parar ahí, ni por qué se llama así; lo que si sé es que es un auténtico icono de nuestro pueblo, que tiene un montón de años y que ha pasado por muchas dificultades; tantas que muchas veces pensábamos que había muerto. Ha sufrido sequía, incendios, vandalismo, y sin embargo lo ha superado todo y ahí sigue, más esplendido que nunca, como lo demuestra esa fotografía bastante reciente y en color. Si alguno de…

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“EL ZUMBA” Y LA VAINILLA AFRICANA

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Cada verano siento nostalgia de mi infancia. Es decir, de aquella época en que tenía largas vacaciones escolares y hasta “la calor andaluza” era un ansiado placer. Sobre todo, si la combatía con gazpacho, frutas locales, agua del botijo y el repertorio de heladería artesana de “El Zumba”. El helado que más me gustaba era el de vainilla. Su sabor, aroma y el tono exacto de su color los llevo grabados en mi memoria. Supongo que influyó mucho que Ana, “la del helao” fuese mi vecina. Y que cada tarde, tras la hora de la siesta, Ana abriera la puerta…

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ALCAUCILES Y CARDILLOS VARIOS

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Hoy quiero contaros algunas cosas que de niño hacíamos en mi pueblo nuestro grupo de amigos. A veces salíamos en grupo y andábamos por los senderos buscando cosas que pudieran ser comestibles, algunas de ellas nos las íbamos comiendo conforme las íbamos encontrando, dependiendo de la etapa del año. Solíamos llevar una talega o un saco, donde íbamos guardando aquellas verduras que encontrábamos y que nos habían enseñado que eran comestibles. Desde cardillos varios, porque se hacían de distintas formas, algunos en espárragao, hasta alcauciles silvestres o alcachofas. Recuerdo que en ocasiones, después de haber recogido materia que guardábamos en…

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ALUMBRADO TENEBROSO Y LUCES FELICES

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Alumbrado

El alumbrado público de Villa del Río, tal y como yo lo conocí en mi infancia y adolescencia, era realmente tenebroso. Claro, que antes de eso, supongo que sería aún peor, cuando ni siquiera teníamos electricidad. Recuerdo que había calles céntricas que se iluminaban con una simple bombilla de no muchos más watios que las del interior de un hogar.  En las esquinas, se veían unos pequeños brazos de hierro forjado que en otro tiempo, supongo, soportaban una farola pero por entonces acababan en un mínimo casquillo a rosca del que pendía una bombilla desnuda, expuesta a la lluvia o…

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No es tu simple sabor

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Ningún escritor ni poeta te ha dedicado ni una sola línea. Fray Luis de León se dedicó a separarte de la belleza de una mujer de cabellos dorados y temparamental.Todo lo que nos ha dado ha sido tu entrega incondicional. Puro sabor. Recibistes tu nombre de cierto monte bíblico. Maldición machista que te relevó a un segundo plano. Siempre nacistes de una combinación formada por ingredientes tradicionales que formaban tu presencia. Dicen que te bautizaron por superar el amor terrenal con el divino. No te importó madurar en las llamas de los intensos fuegos del pecado para llegar a tu…

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Qué no daría yo por empezar de nuevo

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Me llamo Pilar García Montoya, soy gitana y tengo 72 años. Resido en Sevilla, pero mis mejores años los viví en mi Villa del Río. Allí transcurrió mi infancia hasta los 16 años, en mi casa de la calle Lopera. Recuerdo de mi pueblo su precioso cielo estrellado por las noches, el olor a tierra mojada y a aceitunas cuando iba a cogerla, los cantes de mis paisanos por Valderrama, Farina, Antonio Molina y muchos más, mientras cogían algodón y aceitunas.    Aunque no lo necesitaba, he cogido aceitunas y algodón de pequeña, porque me gustaba ir con mis amigas…

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Cogiendo aceitunas

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En éstos días de fiestas y vísperas de vacaciones,recuerdo cuándo yo era una niña,el día de la Virgen se reunian los hombres del campo con el patrón de los olivos y éste les daba un adelanto de dinero ,para que compraran las varas y las herramientas para trabajar…….Ahora cuándo tod@s van en coche a todos los sitios,recuerdo que siendo muy niña iba a coger aceitunas con mi hermano ,dos años más pequeño que yo ,mi padre y mi madre,..por las mañanas muy temprano iba mi madre a la plaza a comprar y mi padre a por el mulo para llevar…

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Un samurái en el Jardín del Lirio

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Desde que mi amigo, el biólogo Juan Relaño, me hizo notar que en el Jardín del Lirio hay una “falsa acacia japonesa”, además antiquísima, no dejo de preguntarme cómo llegó hasta aquí. Según los cálculos de Juan, la falsa acacia tenía formado el tronco hacia 1880. Y pocos años antes, en 1868, Japón acababa de abrir sus fronteras, tras haber permanecido cerrado al mundo durante más de tres siglos. Este árbol científicamente se llama sófora japónica. No es en realidad una acacia aunque se parece muchísimo. Quizá por eso permanezca inadvertido entre los villarrenses que pasean por el Jardín del…

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